10 cosas que te hacen sentir que… ¡Ya estás en casa!

Es ya octubre. Muchas familias están ya más o menos instaladas en sus nuevos destinos.

Sin embargo, aunque la casa esté organizada y nos sintamos bien en el nuevo destino, tardará en ser nuestra “casa” y adaptarse a un nuevo lugar lleva tiempo.

Sentirse en casa implica muchas sensaciones, conocimiento, control, tranquilidad, confianza, en definitiva: seguridad.

1- Agenda llena de invitaciones de cumpleaños. Los niños están bien.

La preocupación principal cuando llegamos a un nuevo mundo es que nuestros hijos se adapten, que sigan sin problemas su escolarización y que se integren sin problemas. Ver a los hijos contentos en el colegio es esencial para poder dedicarnos a la siguiente cosa de la lista de prioridades de mama expatriada y cuando un niño es invitado a cumpleaños y playdates… ¡eso es que todo marcha bien! ¡Ya estás en casa!

2- Saber dónde comprar.

Parece una obviedad; sobre todo si nunca has ido a un entorno en el que no existe ni un supermercado “conocido” o en el que ni siquiera hay supermercados… Necesitar algo y saber dónde comprarlo sin que la tarea en sí sea un mundo o una aventura es un gran lujo. Cuando aterrizas sin saber nada del lugar, todo abruma. Salir en búsqueda de algo puede convertirse en toda una aventura, encontrar el camino, intentar explicar lo que necesitamos en el idioma local y luchar para explicarlo con las dos palabras que hablamos del idioma, negociar precios o proceder a las gestiones necesarias obtenerlo… es todo un desgaste. Cuando conoces dónde ir a comprar elementos básicos aunque sea hilo para coser o pegamento… te hace sentirte segura te hace sentir que … ¡Ya estás en casa!

3- Ponerse enferma y tener un número a quién llamar.

Si eres madre en el extranjero seguro que sabes lo que es estar enferma y cuidar de tu familia porque no puedes llamara  nadie para que te eche una mano con los niños o que te traiga algo para comer porque estás con fiebre. Cuando consigues tener esa persona que te arropa, que sabes que si hay una urgencia, te pones mala o un imprevisto cualquiera vendrá sin más y te ayudará en lo que sea… Eso es tranquilidad. Eso es que… ¡Ya estás en casa!

4- Tener un peluquero que nos guste.

Suena frívolo, pero no lo es. La imagen personal influye en todo. En la percepción de nuestro yo, en la autoestima… Vamos al peluquero por necesidad cuando ya tenemos canas, pero también en los momentos importantes de celebración; eventos y ocasiones especiales o momentos importantes.. los del blues, los de la depresión… expatriada o no, vamos a la peluquería muchas veces para hacer un cambio o intentar sentirnos y vernos mejor.

Los comienzos son importantes, son momentos donde queremos estar bien (o al menos aparentarlo). Al llegar a un nuevo destino tenemos que luchar mucho con el ánimo, en no sumirnos en el echar de menos sino en el añadir y positivizar, hemos de conocer gente, integrarnos, hacer amigos e intentar sentirnos bien y un corte mal hecho, un destrozo en el color… puede ser el detonante en el que un peluquero puede hacerte llorar… Cuando vas al peluquero y no te pones tensa… ¡Ya estás en casa!

5- Encontramos las cosas.

Si. Encontrar las cosas después de un cambio de casa no es tarea fácil. ¿Cuántas veces das vueltas por la cocina hasta encontrar un objeto? Cuantas veces buscas algo que colocaste en la vorágine del traslado y no das con ello?

Cuando necesitas algo y lo encuentras, o sin pensar abres el cajón adecuado en la cocina… ¡Ya estás en casa!

6- Dejamos de tener ese “ Feliz día de mierda”

Comenzar, hacer amigos y confiar en alguien lleva tiempo. Con cada traslado nos enfrentamos a momentos de soledad, yo creo que los peores no son cuando estamos solas, sino cuando queremos estar acompañadas para compartir algo, aunque sea una nada, aunque sea una pequeña alegría tonta. Suele llevar un tiempo, pero cuando ya no tenemos días bajos sin saber por que, cuando te apetece dar un paseo o charlar y sabes qué numero marcar para tomar un café con alguien y simplemente charlar de nada… ¡Ya estás en casa!

7- Saber dónde salir a cenar sin sufrir las novatadas…

La vida expat es fascinante. Casi siempre contamos con recursos para poder salir a cenar con nuestra pareja. La chica cuida los niños, tenemos dinero para ir a un restaurante… pero… ¿A cuál? Dar con el lugar en el que te sientes bien, ese rinconcito donde te apetece ir cuando sales sin querer descubrir el lugar de moda lleva tiempo. En ese periodo, salvo que seas una afortunada, irás a comer o cenar a muchos lugares donde no siempre la experiencia será grata… Hay muchos países donde no existe una formación y concienciación sobre la cadena de frío y la higiene, incluso en los hoteles de 5 estrellas se producen intoxicaciones… Cuando sabes que no te sentará mal… ¡Ya estás en casa!

8- Saberte tu número de teléfono de memoria.

Cambiamos cada dos o cuatro años de país. En cada país hemos de tener un número nuevo. Estarás en casa cuando ves que te preguntan tu teléfono y no te viene el anterior a la cabeza. ¡Ya estás en casa!

9- Dejar de necesitar irte de vacaciones o salir en los fines de semana, vacaciones o puentes.

Al principio queremos salir. Normalmente suele ser por dos cosas. La necesidad de descubrir el nuevo lugar nos impulsa a viajar cada fin de semana que podemos, cada puente, todas las vacaciones… ya sea por el país o a nuestro país de origen. Esa necesidad de descubrimiento se une al desarraigo y falta de planes. En muchos lugares la oferta de ocio es limitada, por no decir nula y la vida suele hacerse de casa en casa. Salir del lugar donde se vive es un modo de no darnos cuenta que aún no tenemos amigos, que no conocemos a nadie.   Poco a poco, la necesidad de huida y descubrimiento se va aplacando porque van surgiendo planes, tanto es así que en muchos casos, lo que no se viaja al principio…. ya no se viajará… si ves que has dejado de viajar cada puente… ¡Ya estás en casa!

10- Sentirte querida y saber que cuentas con una “familia” en el lugar donde resides.

tejer una red “familiar” es difícil. Cambiamos de lugar, los niños se integran, los adultos también, todos tenemos a gente con la que contar, sin embargo, encontrar esas familias- amigas no es fácil. Han de encajar muchas piezas, todos los miembros de la familia han de sentir ese cariño y confianza hacia los demás miembros de la otra familia, en ese momento es cuando se produce la magia más bonita de la expatriación. Personas desconocidas se convierten en esenciales, son nuestra nueva familia fuera de casa. Una relación imposible de explicar y también imposible de erradicar. Lo vivido en el extranjero une tanto que no importa donde terminen que ese cariño y fidelidad perdurará siempre. Son las personas con las que cuentas para todo, sobre todo los que sientes que están aunque ni los veas mucho y sólo te llamen para preguntar: “¿Cómo va la causa?” Están ahí para los momentos complicados y son los que tu invitas para celebrar tu cumpleaños, un éxito… el día de la madre o vienen a ver una peli e improvisar una comida en un día lluvioso… Si estás pensando en alguien… ¡Ya estás en casa!

¿Qué cosas te hacen sentir en casa?

#expatñola, mirada de una nómada

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