Carta a mi hijo expatriado

Carta a mi niño expatriado

Perdóname por hacerte pensar que viajar es tan fácil que cuando uno se plantea ir de vacaciones durante un puente, se sugiere ir a Australia, Inglaterra o Colombia.

Perdón por que no sabes donde está Valladolid o Cáceres pero si sabes dónde está Tasmania, Neiva o Azrou.

Perdona por llamar gilipollas a los conductores en el coche. En el coche tenemos libertad de expresión sin ofender. Es el único momento que dejo salir de paseo las frustraciones de las culturas circundantes.También yo necesito una via y lugar de “escape”.

Perdona si a veces me ves peleona con la vida. En esta vida de expatriados tenemos muchísimos privilegios, pero también muchísimos más retos.

Perdona porque sabes que yo también lucho por mi por mantenerme muchas veces a flote. Porque sabes que mi mundo también se tambalea muchas veces y mi identidad también se resiente.

Sólo quiero que sepas que lucho por vosotros para que seáis felices y tengáis una estabilidad. Lucho por asegurar que pase lo que pase, vuestro mundo nunca tiemble. Peleo porque a pesar de los traslados; a pesar de no pertenecer ni a un grupo de ricos, ni a un grupo de pobres; a pesar de todas las cosas que nos puedan pasar a nivel personal os mantengáis estables, que crezcas dentro de una burbuja de seguridad y protección afectiva. Esa es la única burbuja que yo puedo mantener. La burbuja de la estabilidad afectiva conmigo, de mi apoyo incondicional.

En todo este mar de cambios, incertidumbres y pérdidas, mi amor y mi lucha por vuestro bienestar es es la única cosa que os puedo asegurar, esto no cambiará ni dependiendo del lugar ni de las circunstancias. Es la única burbuja que no se romperá nunca.