¿Y si no funciona? Tabús en la expatriación

Tabús de la expatriación y alternativas

Cuando decidimos irnos a vivir fuera no nos planteamos un escenario negativo. Es normal.

Sin embargo, que no nos planteemos las opciones negativas no significa que no puedan darse.

En los últimos años no para de hablarse de los expatriados, de emigrar, de salir para triunfar y conseguir lo que no se consiguió en casa. Es cierto que para muchos expatriados la vida en el extranjero es preciosa.

Sin embargo, existe también una parte de esas personas que se desplazan al extranjero que no logran el éxito esperado.

Es la expatriación silenciosa.

Un tabú, una realidad invisible a la que no se quiere dar coba.

No se oye nada de las personas que vuelven sin éxito, sin conseguir objetivos, con negocios que fracasaron, por quedarse sin trabajo, por crisis de la empresa, por la dificultad de adaptarse todos o alguno de los miembros de la familia, por enfermedades, por pérdida de trabajo, rupturas de pareja, fallecimientos… Sin embargo, éstas situaciones ocurren aunque no se hagan programas en la televisión. 

La realidad es que también existen casos donde la opción de la expatriación no dura ni resulta lo esperado. La vida del expatriado también tiene acritudes. No por ser expatriado uno se libra de enfermedades, desempleo, dificultades económicas, adiciones o rupturas matrimoniales. Si éstas situaciones son muy complicadas en la vida “normal”, cuando ocurren cosas así en la expatriación los efectos se multiplican.

Los expatriados también se quedan en paro.

Existen muchas familias que se quedan sin trabajo en el extranjero. Verdaderos dramas. ¿Cómo harán? Muchas familias que viven en el extranjero olvidan que esa vida puede terminarse. Se suben a un tren de vida alto o altísimo casi siempre de modo paulatino. Vivir en entornos donde todo el mundo viaja, compra ropa y vive con servicio y casas maravillosas hace que la mayoría entren en una rueda consumista subiendo esos estándares de vida. Es normal, vives lejos, es duro y al final, esos lujos, el dinero sirve para suplir otras carencias. Se pasa a ser de grupos con mucha actividad social, hay que comprar ropa, hay que ir a todo.. Si las familias no logran ser responsables con la economía, pueden encontrarse que cuando quieran darse cuenta, la expatriación les comió los ahorros.

Los expatriados también enferman. Cuando la enfermedad severa afecta en el extranjero los estragos son enormes. No sólo porque quizás no haya un sistema de salud adecuado, sino que la soledad, la dificultad para viajar y las dificultades de continuar con una vida normal se multiplican. En la mayoría de los casos de enfermedades graves ha de volverse al país de origen. En ésos casos, si no es el empleado el que enferma, las familias se ven obligadas a separarse por obligación. ¿Cómo se queda el expatriado cuya esposa se ha de ir por enfermedad de ella o de un hijo? ¿Cómo se sigue si el que enferma es el que gana el dinero? ¿Y si tengo un hijo con necesidades especiales?

Situaciones complejas, reales y que por desgracia afectan a muchas personas por el mundo.

Los expatriados sufren también adiciones.

Uno de los mayores tabús es el de las adiciones durante la vida en el extranjero. Las adiciones pueden llegarle a cualquiera, sobre todo en momentos complicados, cambiantes dónde uno es vulnerable. La expatriación es un momento de los más complejos que se puedan vivir. En esas contradicciones diarias, de realidades y circunstancias, muchos expatriados o sus familias caen en problemas como la bebida, las compras compulsivas, obsesión por el cuerpo, dependencia de las redes sociales… En esto tampoco son diferentes… si no logran controlarlo… puede arruinarles la vida, la propia y la familiar.

Los expatriados también se divorcian. 

En la expatriación las tasas de divorcios y separaciones son menores que en el resto de la población, en gran parte por la dependencia económica de uno de los miembros de la pareja y en otra gran medida por los hijos, ya que una separación implica lejanía y privar a los niños de ver  a uno de los progenitores de modo asiduo.

Cuando se dan situaciones así, los hombres, que suelen ser los desplazados, se quedan muchas veces en situaciones precarias. Han de visitar a los hijos o traerlos a que  los visiten, sin embargo hoy en día en las custodias aún no se equilibra el aspecto económico y en muchos casos además de la pensión los hombres divorciados expatriados pueden verse en dificultades económicas. Han de pagar una pensión a los hijos, en general a la ex mujer también por la dificultad de reincorporarse a la vida laboral y por haber renunciado a su carrera, han de pagar su casa y su vida en el país dónde viven y han de costear los viajes de visitas y gastos en las mismas… Los sueldos son grandes, las pensiones de sueldos generosos también son generosas… ¿Y cómo lograrán hacer una vida digna?

Es sensato plantearse cual es la situación a la que me enfrentaría si el mejor escenario no se diera. Plantearse esto no es enfrentarlo con miedo, se trata de hacer un ejercicio de visualización. Visualización de alternativas y visualización de nuestra fuerza y motivación para afrontar los retos que vengan a miles de kilómetros de nuestro entorno. 

Hagámonos algunas preguntas antes de irnos: 

¿Podría reincorporarme a mi puesto? Si no puedo, ¿tengo recursos económicos, fuerzas  para afrontar un comienzo fuera de la empresa o quedarme expatriado y separarme de mi familia?

¿Supone la expatriación un plus de desarrollo profesional incluso si se terminara? ¿Dónde iría?

¿Tengo un plan de ahorro o ya ahorros para poder afrontar imprevistos?

¿Tengo en la familia alguna enfermedad?

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Cambio de país…. ¿Por dónde empiezo?

¿Que información buscar?

Además de los factores psicológicos derivados de la motivación y circunstancias personales antes de decir si a un cambio de vida, al valorar la oferta de trabajo hemos de ser objetivos. Si el traslado viene motivado por el deseo de vivir una nueva experiencia, se suele dejar de mirar aspectos formales que pueden tener un gran impacto en el futuro.

Hay que recabar la máxima información posible sobre el nuevo destino para poder dibujar una situación lo más fiable posible y decidir si en el plano económico es rentable realmente ya que existen numerosos costes y sorpresas ocultas. Hemos las nuevas condiciones del entorno serán compatibles con nosotros o nuestra salud.

Aspectos como el clima, la geografía, las costumbres y tradiciones, la distancia cultural, el idioma, la lejanía a casa y diferencia horaria sistema político social, situación de desarrollo del país, restricciones… son claves a la hora de disfrutar el día a día ya que todos los aspectos anteriormente citados tienen una influencia directa en la salud, en el ocio, en los recursos que inevitablemente nos modelan el día a día en el nuevo destino

A la hora de vivir en un país no podemos mirar esos aspectos como cuando nos vamos de vacaciones, el desafío que tendremos es convivir con todas esas cosas en el día a día y para poder tomar una decisión más acertada deberemos analizar  hasta que punto me veo o veo a mi familia con la disposición y capacidad de hacer frente a esas realidades a diario.  En esto influirán las experiencias previas, nuestro país de origen… etc.

Comparto contigo algunos de los problemas recurrentes cuando uno va a trabajar al extranjero. 

CLIMA, GEOGRAFÍA & ENTORNO

Salud. Nadie piensa en la salud hasta que la pierde. Tener problemas de salud en el extranjero puede resultar muy complicado. Si tienes patologías físicas o psicológicas valora bien antes de irte y asesórate cómo influye en la salud ya que la polución, la humedad, las enfermedades comunes, la infraestructura para emergencias

Escolarización. El comienzo del curso académico cambia según el hemisferio. S i tienes hijos puede causar grandes desajustes en la escolarización al cambiar de hemisferio.

Economía familiar. Por un lado, “inversión” en ropa que tengamos que hacer. Si el clima es extremo y hace siempre calor, probablemente tengamos que comprar ropa y dejar nuestras cosas de invierno en algún lugar. Por otro lado el clima y el entorno influyen en la cesta de la compra, si es un país donde todo es importado.

DISTANCIA CULTURAL, RESTRICCIONES, SEGURIDAD…

Hay países donde existen prohibiciones, normas sociales imposiciones que son de obligado cumplimiento. Es esencial saber cuales son estas limitaciones y valorar si podemos o estamos dispuestos a afrontar lo que conlleva en el día a día.

Prohibiciones: La prohibición de conducir para las mujeres, además del impacto psicológico tiene un impacto económico al tener que emplear un chofer.

Restricciones: La obligatoriedad de una indumentaria especial si tu mujer o tu hija no quieren usarla puede ser complicado para ti o tu familia día a día.

Seguridad: Si no hay seguridad no se puede hacer muchas cosas por lo que la vida se da en clubs que suelen ser costosos.

Corrupción. Salvo que tengas matrículas especiales, deberás prever un montante de dinero que se evapore en pagos a policía por pararnos sin motivo, a precios más altos por las restricciones en aduanas o incluso corrupción…

BUROCRACIA & ECONOMÍA

Impuestos y cotizaciones. Hay que informarse bien si la cotización e impuestos será en el país de destino o en el de origen ya que sobre todo en países no desarrollados eso puede dar lugar a problemas porque no siempre hay sistemas de pensiones o ayuda al desempleo.

Los paquetes. Hay que informarse si el valor económico de los “paquetes de expatriados” están sometidos a impuestos o no, porque en muchos casos ahí va un gran monto del total: vivienda, seguros, colegios, coches, gastos por diferencia de costes de vida, viajes anuales…

Sacar dinero. Otro problema común suele ser poder sacar el salario del país, ya que hay países que no facilitan la salida de dinero del país y muchas familias expatriadas tienen los sueldos atrapados.

Bancos: hemos de saber el coste de las transferencias, tarjetas… en ocasiones la simple apertura de una cuenta puede ser un reto.

Coste de productos necesarios. En numerosas ocasiones se cree que vivir expatriado en países menso desarrollados es barato. Si lo es si vives como la gente local. Si quieres vivir con un estándar normal, el coste de vida aumenta irremediablemente.  Esto es muy personal, depende de qué necesita cada unidad familiar para vivir. En general la compra de productos importados ya sean comida, higiene, ropa, juguetes, tecnología o comer en restaurantes no locales suele disparar los gastos.

Vivienda. En muchos lugares, la vivienda alcanza precios desorbitados. En países menos desarrollados pese a lo que se suele creer, la vivienda para extranjeros suele ser extremadamente costosa ya que  las calidades suelen ser diferentes e incluso el tipo de arquitectura y barrios. Por otro lado suele ser un mercado bastante cerrado.

Si te enfrentas a un traslado y no sabes por donde empezar a buscar…

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¿Nos trasladamos? La gran decisión

Ir a vivir al extranjero es una experiencia atractiva. Los clichés se imponen y tendemos a idealizar la vida fuera de nuestro país.  Lo cierto es que vivir en otras culturas es enriquecedor, al menos así lo piensa la mayoría de los expatriados entrevistados, sin embargo, que sea una experiencia positiva no significa que sea todo fácil. 

Cuando tenemos una oferta ante nosotros es conveniente sopesar la decisión e informarse bien de los detalles. Existen muchos casos en los que familias enteras salen del país atraídos por el estímulo económico y estilo de vida y no calibran el alcance de la decisión en el plano racional.

Hay que pensar en muchos parámetros para que tu decisión se asiente en bases sólidas a partir de las que  reflexionar tu decisión de un modo racional y así aumentar las probabilidades de que tu vida en el extranjero sea positiva.

Aspectos a tener en cuenta para decidir.

Tomar una decisión de gran calibre nunca es fácil. Como en todo,siempre hay aspectos positivos y negativos. A la hora de decidir trasladarnos y cambiar radicalmente nuestra vida hemos de valorar aspectos de diversa índole, tanto los aspectos más racionales como la oferta profesional y económica como los aspectos más subjetivos y personales generalmente de índole más psicológica.  También la capacidad para decidir volver a nuestro país sin que acarree demasiadas consecuencias negativas en nuestro trabajo, en nosotros y en nuestra familia.

¿Quiero o debo ir?

Generalmente, esta sencilla pregunta suele obviarse, sin embargo la motivación de nuestra decisión será clave a la hora de resistir a los inconvenientes que surgen en todo cambio.  Irse a vivir al extranjero puede surgir de modo voluntario o por imperativo o necesidad. Esta pequeña sutileza marca en gran medida muchos aspectos posteriores de la experiencia.

Hay que ser consciente de que hay diferentes tipos de emigración por lo tanto diferentes problemas y estrategias para afrontarlo.

SALIDA VOLUNTARIA

Si la salida del país es voluntaria como en el caso de los Diplomáticos, periodistas, profesores de escuelas internacionales, altos cargos de organismos internacionales, ONG y  otros profesionales cuyos trabajos implican la vida en el extranjero,  la motivación es positiva y las condiciones suelen ser ventajosas, van arropados con una institución que les facilita los trámites burocráticos, poseen una buena posición económica,  poseen un trabajo “fijo”,  gracias a las necesidades del trabajo desde que llegan tienen un grupo social donde conocer gente “como ellos” y a la hora de afrontar los inconvenientes del país donde se encuentran saben que tienen una fecha límite.

SALIDA INVOLUNTARIA

Cuando la salida del país es “forzosa” la motivación  en muchos casos brilla por su ausencia.

Las personas salen a vivir al extranjero obligados ya sea por la situación de su país, crisis, inseguridad, pobreza o por que si no se van a cubrir un puesto corren el riesgo de perder el trabajo. En estos casos la motivación es la necesidad, no es una elección, por lo que en el aspecto psicológico la presión es mayor.

Las familias, las personas acompañantes, los hijos más grandes o dependientes y la motivación de cada uno a la hora de dejar todo es necesario tenerla en cuenta. Sus vidas cambiarán.

La parte psicológica del proceso de cambio es inevitable y se acusa más dependiendo de si la motivación y las condiciones de vida son más o menso favorables y dependiendo si se trata de un traslado voluntario o involuntario.  En la mayoría de los casos, las familias, las personas suelen omitir una realidad esencial: todos los cambios conllevan estrés. En los traslados, hay siempre unos retos psicológicos compartidos. La soledad, la frustración, la dureza de vivir en otras realidades, la impotencia antes injusticias, el miedo a lo desconocido son normales y comunes a todos. Todos los que se cambian de casa han experimentado lo agitado que puede ser un traslado incluso dentro de una misma ciudad. Si la realidad dónde vamos a integrarnos es mucho más distante  los retos aumentan. En la expatriación forzosa pueden intensificarse los sentimientos de frustración, rabia, idealización de la cultura de origen, aislamiento en guetos …

La motivación para cambiar de país teniendo en cuenta a todos los miembros de la familia,  no se toma siempre en cuenta o no se valora el impacto real que puede tener aunque la realidad es que la motivación es clave para poder disfrutar de una vida en el extranjero lo más rica y feliz para el conjunto familiar.

Te ayudamos con asesoría personalizada en el proceso de expatriación y te daremos acceso a nuestro grupo de Facebook con más de 2.500 mujeres por el mundo. Todas expatriadas, todas hispanohablantes, todas te entendemos y te ayudaremos desde la experiencia. 

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Pareja expat… ¿pareja feliz?

Mantener un matrimonio no es fácil. Eso es lo que dicen todos y por si no lo creemos, las estadísticas parecen confirmarlo con la tasa de separaciones y divorcios que no para de subir.

Sin embargo, las familias en tránsito raramente se separan o divorcian, éste hecho también lo avalan las estadísticas de las asociaciones de mujeres acompañantes de diversos países.

¿Por qué? ¿Es la vida expatriada un bálsamo para el matrimonio? ¿Es la expatriación la solución a un matrimonio feliz?

Ni la vida expatriada es fácil para los matrimonios, ni todos sobreviven por amor. La expatriación aporta beneficios y tensiones a cada miembro de la familia y por ende, a las parejas también les afecta.

La vida expatriada tiene multitud de cosas maravillosas, son muchas las ventajas en ése día a día que favorecen las relaciones de pareja en el extranjero.

  • En las parejas al cabo de tiempo suele surgir distancia por no mimarse en el día a día debido a los niños, los trabajos, economía, tiempo… Al vivir una expatriación solemos gozar de una economía holgada: viajes, lujos, ahorros, salir cuando uno quiere… También podemos contar con una ayuda en casa lo que nos permite dedicar más tiempo para el relax y ocio en familia (al menos la teoría) lo que contribuye a un sentimiento de bienestar.
  • Es una gran oportunidad de vivir cosas diferentes y las parejas gozan de menos monotonía, y esto puede ser utilizado para revitalizar una pareja que sufre de rutina y aburrimiento tras muchos años juntos. Sin embargo, una vida social muy intensa, puede dar también lugar a una falsa recuperación y felicidad en la pareja o la actividad puede servir de escape ante los problemas o distancia en la pareja. Incluso en parejas que gozan de buena salud, puede llevar a tener una vida en la que la pareja y su intimidad se diluyen sin darse cuenta al estar copado el tiempo de actividades sociales.
  • Las familias, intromisiones y demás problemas clásicos son fuente de tensiones en las parejas de cualquier índole. Al vivir en otro país…. y las suegras están lejos… (ambas) y diciendo suegras, se dice familia, presiones, problemas… Eso si cuando vienen… se instalan un largo periodo en tu casa… así que … ¡No te hagas expatriada si lo que quieres es escapar de la suegra!

¿Es la expatriación la solución para tener una relación feliz?

¡No!

Las parejas son iguales en todas partes. Hay problemas generales que acucian a todas las parejas en algún momento de su vida,  es cierto, que vivir fuera de nuestro país tiene  ventajas en las parejas pero también tiene algunos retos inherentes a la vida expatriada.

Normalmente es el cambio de roles lo que más afecta en la relación de pareja. La diferencia entre parejas felices y las que rompen en la expatriación radica en cómo cada miembro de la pareja logra enfrentar los problemas en aras a solucionarlos cogidos de la mano y mirando en la misma dirección.

Las culturas de origen, edad y mentalidades tienen gran influencia a la hora de concebir los roles en las relaciones. En algunos lugares o entornos sociales, incluso hoy en día, el éxito y felicidad de la mujer ha de estar en casarse y tener hijos. La carrera o conciliación de la maternidad, del yo, con o sin pareja no entra dentro del esquema. En éstos casos, una vida dónde la mujer es acompañante del hombre es perfecta y suelen ser parejas muy felices porque cada uno de los integrantes siente que tiene éxito como persona y como pareja.

Ellos

Generalmente en la expatriación el rol del hombre está enfocado al éxito profesional. Trabajo con una responsabilidad extrema, grandes salarios, buena posición social… también sufren de grandes presiones por alcanzar metas, corrupción, disponibilidad 24h, viajes… lo que también le provoca soledad y distancia de la familia consciente o inconsciente. Ellos son expatriados no supermanes

Ellas suelen acompañar

Su rol en los años de expatriada va variando ligeramente dependiendo de la fase de la vida en que se encuentre, sin hijos, con hijos, después de haber criado los hijos… Los años de expatriada pasan factura.
Las expatriadas han de enfrentarse a muchos cambios en silencio, al vacío, a la frustración, a la soledad, a la incomprensión, a los tabus, a encajar con el rol que se les encomienda… todo eso hace que a las que les importa el plano profesional acaben resintiéndose y afecte a su visión del yo, a la autoestima y a la autoconfianza.

Las mujeres de hoy que están en la franja de 30- 50 años se enfrentan a múltiples retos, por un lado, han sido educadas para ser independientes, para tener una carrera que les permita avanzar y ser libres económicamente. Hoy las mujeres acompañantes que estamos en esa edad nos vemos enfrentadas a varios escenarios:

  • Por un lado, el hueco en el curriculum, la renuncia a la vida activa nos hace pasar a construir un yo que es por la función que hacemos en la familia: madre de, esposa de; con el tiempo, esto lleva a un desgaste del yo y con ello de la autoestima y la autoconfianza a la hora de tomar decisiones y orientar nuestras vidas como individuos.
  • Por otro lado, la revolución que ha sufrido la sociedad con las nuevas tecnologías y entornos de trabajo hace que ese desfase profesional esté más marcado todavía, ya no son años de no trabajar en la profesión, son años de no conocer los nuevos modos de trabajar en entornos 2.0. Todo junto hace que nos cuestionemos nuestra valía y crezca la frustración en algún punto de nuestro yo, con éstas dudas, la insatisfacción crece e inevitablemente se proyectará en el entorno y sobre todo en la pareja.

Dolor, soledad, depresión, decepción, desilusión, engaños y desengaños eso es también para muchas parejas la vida de expatriados.

Sin embargo, existen muchas parejas equilibradas, que logran caminar de la mano, darse cuenta que la pareja hay que cuidarla, con detalles y mimo a uno mismo y al compañero/a de vida.

Si uno está contento consigo, puede hacer feliz al compañero. La vida son caminos, son baches, son obstáculos; algunos muy difíciles de superar, sin embargo si se camina de la mano mirando en la misma dirección se logra vivir lo mejor posible. No todo el mundo puede decir que logra seguir mirando en la misma dirección y quiere seguir agarrando la mano del compañero que eligió hace años, sin embargo, los que lo logran encuentran la felicidad serena que da el saberse acompañado y mimado.

Desde la experiencia… cuídate tu, para poder cuidar lo que amas.

¿Cómo cuidas tu tu relación de pareja?
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Expatriado… ¿Te sientes en casa?

Hoy trabajando en la escritura de un libro sobre comunicación digital intercultural he llegado al concepto de casa, de hogar.

Debe ser el  invierno en ésta parte del mundo, debe ser enero, debe ser la adaptación… sea lo que sea, el hecho es que me ha dejado pensativa.

¿No es una palabra preciosa?

Una casa, un hogar es algo que los que vivimos de país en país o nos trasladamos dentro de un país constantemente ponemos y quitamos como si fuera una tienda de camping.

El primer traslado es el más duro, a partir del quinto… ¡ni los notas!

Trasladarse se vuelve casi un juego, es algo emocionante.  La espera final. Sabemos que toca trasladarse, y en éstos meses, comienza a acechar la gran pregunta… ¿Cuál será el nuevo destino? Ese secreto tan bien guardado, esa complicidad en las parejas, ese volver a soñar juntos que nos espera otra aventura, empezar a buscar información y comenzar a tantear cómo es la vida allí. La emoción sube, la ilusión comienza a hervir.

Al mismo tiempo, burbujean los sentimientos negativos, comenzamos a ver las cosas de otro modo. De repente nos damos cuenta que la vida es cómo las burbujas, todo es efímero. Al saber que se nos acaba el tiempo y la realidad presente, casi siempre quedan cosas por hacer, queremos aprovechar más, y nos damos cuenta de las cosas que echaremos de menos. Aprovechamos a dar los últimos viajes en la zona, las últimas fiestas con amigos, los últimos meses de colegio, los últimos momentos en nuestra casa, nuestro hogar, quizás de nuestra chimenea o nuestra piscina…de la casa, de los olores… y no sé como pero… justo al final siempre conocemos a alguien con el que encajamos!

En unos meses, la estabilidad se evaporará en una burbuja.

Es una fuente de tristeza que ésta si, siempre la notas no hay despedida fácil (bueno, entre nosotros, algunas veces… ¡hay despedidas deseadas!)

A pesar de ser una fuente de tristeza que no se seca, es un sentimiento maravilloso. Saber que echarás de menos, que te echarán de menos significa que lograste crear algo real, que la vida te cruzó con personas que han sido importantes y que seguramente lo serán para siempre. Lo que enseñan los traslados es que a pesar de los años, a pesar de la distancia, las amistades sinceras hechas en el extranjero son para siempre.

Es una tristeza alegre, una tristeza que te da fuerza porque sabes que no estás sólo y porque sabes que al igual que encontraste esa familia prestada, en el destino nuevo, también sucederá.

Saber que en la vida, a pesar de uno quedarse solo saldrá de nuevo adelante y volverá a crear burbujas llenas de experiencias, ilusiones, aprendizaje y cariño hace que todo el proceso valga la pena.

Si uno logra ver así las cosas, el miedo, la incertidumbre y la ansiedad se evaporan también y nos llenamos de buenas sensaciones, así, logramos que preparar el traslado sea una bonita experiencia rica en emociones profundas y rica en vida.

Saber que uno se muda y poder escoger qué lleva y qué no, es un privilegio. Los que vivimos expatriados como modo de vida llevamos casi siempre un sinfín de objetos valiosos, valiosos sobre todo por los recuerdos que nos traen. Además de los recuerdos no nos quedará nada más que esos objetos, que al mirarlos nos harán revivir el momento y personas ligadas a él; el hecho de poseerlos, hace que el pasado no se evapore y llevemos nuestra historia con nosotros.

Siempre hago montones, tirar, dar a gente que lo necesita, dar a los amigos y el resto lo empaquetarán. Organizo todo con un método eficaz, pensando sobre todo en la llegada al nuevo lugar.

A mi me encanta la fase de selección antes de empaquetar. Me explico, tener todo echo un lío y pasar horas revisando todo lo que uno tiene… no me gusta, lo que me gusta es la sensación que me deja una vez termino. Me siento ligera, me siento limpia, me siento lista para volver a comenzar y afrontar los retos que seguro que llegan.

Después de más de 20 traslados, miles de kilómetros, un sinfín de experiencias y sentimientos, para mi, casa son todas esas cosas que llevamos de un lugar a otro, son los objetos con historia, con nuestra historia, son los lugares, son los olores, son los sabores, son las tradiciones, son las fotos, son los abrazos, son las risas, son las miradas cómplices… y por supuesto, casa es todos esos sitios dónde estén esas personas que nos han llenado el corazón.

 

¿Qué es casa para ti? ¿Cómo reconoces tu hogar? ¿Cómo creas un hogar para los tuyos en la expatriación?

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Expatriación, transiciones, traslados, cambios…crecimiento.

Es época de transiciones, es época de cambios, es época de traslados. Hace dos años me lancé a hacer un sueño realidad. La idea de crear una plataforma para ayudar a las familias expatriadas del modo en que lo necesitan rondaba desde hacía años en mi cabeza.

Desde que salí por primera vez a vivir a Italia a los 19 años como estudiante, durante mi recorrido como esposa acompañante y después como madre sola en el extranjero ha habido sensaciones y sentimientos recurrentes.

En cada uno de mis traslados he sentido un torbellino de sensaciones, algunas antes de irme, otras en el comienzo… Miraba alrededor y no encontraba lo que necesitaba. Muchas empresas que ayudan con los traslados, con los papeles… pero ¿Quién me ayudaba a mi?

Con el paso del tiempo, conforme he ido conociendo personas en el extranjero o extranjeros en mi país, detecté las mismas carencias.  Todos los que vivimos fuera, en algún momento sentimos y todos lo logramos superar.

Aprendí que la clave de la superación no es una fórmula mágica, cada persona es diferente, todos tenemos una mochila llena de nuestras experiencias previas, realidades, valores, cultura… y como esa mochila es tan personal, no se puede encontrar la fórmula universal que valga para todos.

La solución vino de la observación de los que me rodeaban y de la introspección. ¿Qué necesitan los que me rodean? ¿Qué es lo que me ha hecho superar los problemas en las diferentes fases de la expatriación o en cualquiera de las transiciones vitales?

  • Dejé de sentir impotencia cuando entendí que las realidades circundantes no las puedes cambiar y que a veces no debes intentar cambiarlas. Entendí que mi modo de ver el mundo, mi realidad es fruto de mi visión del mundo particular y en vez de cambiar el mundo, intento cambiar situaciones concretas.
  • Dejé de sentir frustración cuando “dejé de esperar algo”, dejé de esperar que todo saliera como estaba planeado o como estipula en los papeles, cuando dejé de esperar que si alguien dice a las 8 llegue a las 8, dejé de esperar que todas las relaciones fueran verdaderas…
  • Dejé de sentir la soledad cuando entendí que hay amigos para pasarla bien y amigos de verdad, los que están cuando no se pasa bien y duran de modo natural en la distancia y en el tiempo de modo natural. Son los que escuchan, no suelen dar soluciones pero te arropan hasta que la encuentras.
  • Dejé de sentir vacío cuando encontré  lo que me da vida, lo que me da brillo interior. Una parcela propia que cuido y que cuando la alimento, soy sólo yo; me lleno de energía,  tranquilidad y  satisfacción. Y al mirarme en el espejo encuentro la persona que soy, me brillan los ojos y ese bienestar interior se irradia a los que me rodean.
  • Aprendí con todas esas personas que aparecen de modo natural y se quedan siempre en el recuerdo con ganas de más. Relaciones “amarillas” que surgen de momentos mágicos donde la conexión es total, inesperada y de repente te ves envuelta en un desvelar de sentimientos a desconocidos en una conversación puntual, en que te prestan una ayuda generosa y desinteresada… Yo podría nombrar muchísimas personas así. Es quien te invita a un zancocho colombiano sin conocerte de nada con toda tu familia, es quien sin haberte visto más que una vez, te regala unos zapatos de flamenco para tus hijas sin esperar que los devuelvas o los pagues, es quien te confiesa un tema muy íntimo sin conocerte apenas, es quien te recibe en su casa y te hace sentir en familia, es quien te pega un abrazo sin conocerte mucho si ve que lo necesitas, es quien te pregunta de verdad cómo estás y te da pie a que te desahogues, es quien conociste superficialmente hace años y te llama para saber como estás cuando sabe que tienes una situación compleja, es quien asiste contigo a una despedida de soltera sin conocer a nadie…
  • Encontré la calma cuando acepté que la vida es aquí y ahora, que mi vida no depende de lo que me rodea, de lo que tengo e incluso de quien me rodea, que la vida depende de mi, de cómo elijo afrontar yo esas realidades, sean las que sean.
  • Encontré las soluciones cuando hablé de los problemas. Hablé de los problemas cuando reconocí que los tenía.
  • Encontré la libertad cuando decidí liberarme. Entendí que es siempre posible, sólo tenemos que responsabilizarnos y asumir que toda decisión tiene consecuencias. La no decisión es ya una decisión ejecutada de dejar en manos de los demás la propia situación.
  • Encontré la paz cuando veo a personas que se atreven a ser uno mismo, cuando veo coherencia: lo que pienso, es lo que digo, y es lo que hago. Cuando elijo ser lo que soy, cuando decidí arriesgar a vivir con mi coherencia, la coherencia de uno, quizás no sea siempre compartida pero si es siempre respetada.
  • Nunca dejé de sufrir al despedirme de los amigos y gente que son tu familia. El desgarro del adiós siempre está presente aunque hoy se que las amistades son más fuertes que los kilómetros y el tiempo.
  • Nunca me he arrepentido de dar, de arriesgar a querer, de arriesgar a aprender, de cuestionar todo lo aprendido y visto.
  • Nunca dejaré de ser curiosa, de querer aprender de la diferencia, de querer ayudar al nuevo y de estar contenta cuando las personas a las que quiero están bien.

Me traslado a vivir a mi país después de media vida dando vueltas. ¿Definitivamente? No lo sé. Tampoco me importa. Lo que me importa es que seguiré trabajando por un sueño, el sueño de ayudar a los que viven en realidades diferentes, para que las vidas de ellos, como individuos y familias sea más plena.

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La vuelta a casa más fácil

Hoy tengo el gusto de compartir un artículo de Elena Nebreda.
Pone a nuestra disposición su experiencia personal como hija de matrimonio bicultural y ciudadana del mundo. Además, ha escrito una guía para vencer el choque cultural reverso y readaptare a tu país de origen. Lo podéis encontrar en nuestra tienda
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Volver a casa después de haber vivido fuera una temporada larga, ya sea uno o unos años, puede traernos sentimientos encontrados. Por un lado, podemos encontrarnos con muchas ganas de retornar a nuestro país de origen pero por el otro puede que sentimientos de pérdida aparezcan: dejamos atrás cosas, amistades, trabajos y rituales cotidianos que hemos adquirido fuera y que nos son muy cercanos.

Unos se encontrarán encantados de volver por fin a casa, a las cosas que conocen bien. Otros lo tendrán más difícil. Al haber vivido fuera estas personas se han expandido y han adquirido habilidades y costumbres que las han cambiado de forma de ser. La relación respecto al espacio personal, la percepción del tiempo, la jerarquía o falta de ella, la resistencia o no al cambio, las diferencias entre hombres y mujeres varían mucho de cultura a cultura y pueden causar un choque cultural reverso que puede afectarnos con bastante gravedad e incluso dejarnos fuera de juego temporalmente. Es importante tomar ciertos pasos cuando vamos a volver y preferiblemente empezar el proceso gradualmente con unos meses o semanas de antelación. He aquí unos trucos para hacer la transición más fácil para ti y para tu familia:

  • Hacer una lista de todo lo positivo que tiene nuestro país de origen y todo lo que percibimos como negativo en nuestro país de acogida. Muchas veces desarrollamos una visión romántica respecto a nuestro nuevo país en comparación con nuestro país de origen y este ejercicio nos ayuda a poner las cosas en perspectiva. Ambos países ofrecen cosas positivas. Enfócate en lo que te gusta de tu país de origen.
  • Buscar asociaciones y clubes donde podamos seguir practicando el lenguaje y las costumbres que hemos aprendido fuera, y donde podamos socializar. Contar con el apoyo de otros expats que han pasado por transiciones similares suaviza mucho la llegada. 
  • Encontrar tiendas donde podamos comprar cosas de nuestro país de acogida, ya sea en tiendas especializadas u online, nos ayuda a integrar costumbres.
  • Retomar el consumo de radio, música, televisión y películas del país de origen, suscribirse aunque sea online a alguna revista o periódico de nuestro gusto unas semanas antes nos reconectará con la realidad actual de el lugar al que nos dirigimos y no nos resultará tan extraña.
  • Explicar a nuestros familiares, amigos y colegas profesionales que a veces necesitaremos un poco de tiempo o de espacio extra mientras procesamos la transición.
  • El deporte, el movimiento, el voluntariado y tomar nuevas o retomar viejas actividades mantendrán nuestra mente, manos y cuerpos ocupados con cosas que encontraremos satisfactorias y que nos ayudarán a reinsertarnos en la sociedad y a hacer nuevos amigos.
  • Nuevos retos. Volver a casa nos puede resultar aburrido, es por eso que marcarse nuevas metas personales y profesionales es muy sano, aprovecha y encauza toda tu energía hacia algo que te motive.
  • Ignora todo lo que puedas las cosas que te pueden hacer saltar o perder la paciencia. Date tiempo. Poco a poco las podrás tolerar mejor, sobre todo si te centras en las cosas de tu país de origen que si te gustan (el clima, la comida, las costumbres sociales, el sentido del humor…).

En resumen, con paciencia y una actitud positiva es todo mucho más fácil. Sabemos que volver puede ser algo complejo y que no todo el mundo entiende. Existen varias guías específicas que pueden ayudarte en mayor profundidad.

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¡Hoy celebramos 2 años de blog!

Hace dos años hoy de la publicación del primer artículo del blog que tuvo más de 2.000 visitas en las primeras 24h.

Las últimas veces

Después de dos años en este proyecto, sólo puedo dar las gracias a todos los que han estado conmigo, ayudándome en mi día a día no virtual a conciliar, a mantener la fuerza pese a los contratiempos y a todos los que durante todo este tiempo habéis estado leyendo y apoyando el proyecto. De modo especial quiero agradecer a todas aquellas mujeres expatriadas miembros de #movimientoexpat que de modo voluntario me están ayudando con muchas tareas administrativas, de gestión de altas en nuestro grupo Facebook, contenidos, artículos… está siendo una experiencia increíble.

Gracias a todos vosotr@s he aprendido mucho. Me habéis demostrado que la solidaridad existe, que somos capaces de dejar a un lado las diferencias para unirnos en lo que nos une, la familia, la amistad, la generosidad de ayudar y apoyar al que lo necesita.

Somos un colectivo que se supone que lo tenemos todo, nuestra imagen, no siempre es justa.
Se cree que el expatriado, vive una vida de ensueño. Es cierto, la expatriación tiene una parte ideal: los viajes, la ayuda, el aprendizaje, la apertura, el conocimiento de personas tan diferentes a nosotros, la oportunidad de que nuestro hijos aprendan sobre el mundo, los idiomas… tenemos muchos privilegios.
Sin embargo, la cara oculta de la expatriación sólo la conocemos los que vivimos en el extranjero. La dureza de acompañar y ser el motor de una familia renunciando a casi todo sin perder la sonrisa, no es fácil.

Desde SOS-expat by expatñola, seguiremos trabajando con ilusión, con creatividad y sin cesar para intentar crear ese lugar de intercambio, de aprendizaje y de oportunidad para mejorar la vida de todas esas familias por el mundo.

Ya tenemos en la tienda libros clave para la expatriación, seguiremos añadiendo productos y servicios para ayudar a vivir la experiencia de la expatriación de modo positivo.

Es época de traslados, luego llega el verano y en septiembre empezaremos con fuerza a ofreceros muchos talleres de cara a la actualización profesional, a la gestión del tiempo, redes sociales y lanzaremos los servicios de coaching profesional para que podáis encontrar un proyecto compatible con la vida expatriada y familiar.

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De nuevo, gracias por el apoyo sin vosotros… ¡No existiríamos!

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Volver

Después de 19 traslados de ciudad o país vuelvo con la idea de echar raíces. Esas raíces que fueron trasplantadas tantas veces.  En breve vuelvo a cambiar de lugar de residencia. Ésta vez es diferente. Esta vez parece definitivo. Tengo que confesar que la decisión no ha sido fácil, tampoco apresurada.

Sin embargo, cada vez estoy más segura de que es lo necesario. ¿Por qué?

Porque ya ni sabía de donde era.

Después de tantos cambios seguía y creo que sigo sin saber de donde soy. Probablemente ya no lo sabré. Soy un poco de todos esos lugares donde he dejado trocitos de corazón. Sin embargo, en los momentos de mayor agobio, mi pensamiento se dirigía a Soria. Si, increíble. Pero era mi lugar refugio. Así que debo ser de Soria…

Porque era tantas cosas que ya no era ninguna.

Tanto traslado, tantos lugares, tantas culturas, me dieron muchas cosas positivas, sin embargo me volví tan ciudadana del mundo que es como si me hubiera “neutralizado”.  Lo increíble de esto es que pasó sin darme cuenta.

Me volví tan flexible, tan abierta a las nuevas culturas, las integré tanto, que un día tomando un aperitivo en casa de unos amigos españoles me sorprendí de que me pusieran aceitunas, queso cortado, jamón y unas patatas fritas con cerveza. De repente, tuve un flashback y me acordé de los aperitivos que había tenido siempre en mi casa, con las visitas. Fue como retroceder 20 años en el tiempo, a la España que dejé, a la de Castilla, a los tiempos en Soria.

Porque no sabía donde volver.

Por circunstancias de la vida, decidí poner fin a mi expatriación como “acompañante”.

Fue un proceso bien difícil. Lleno de incertidumbre, dudas sobre qué es lo correcto para mi y mis hijos, y sobre todo dudas sobre dónde instalarme.

Era tan flexible que cuando buscaba colegios para los niños me veía viviendo en todas partes. Siempre le veía algo positivo. Siempre lograba ilusionarme. Estaba mareando a los que me escuchaban. Muchos no entendían que pudiera cambiar de lugar con esa facilidad. Pensé en instalarme en Colombia, en NY o Londres. Lo barajé todo. Al final decidí volver a España.

¿Por qué a Mi país?

Porque tengo hijos. Si yo tengo este problema de pertenencia… ¿Qué será de mis hijos?

Nunca me planteé las desventajas de ese no sentirse de ningún lado. Durante mi juventud no entendía porqué tenía que sentirme de un sitio u otro. No entendía porqué la gente se empeñaba en preguntarme eso y no entendía porqué no tenía una respuesta concreta.  Antes de tener a mi primer hijo descubrí un libro que me ayudó a entender ese no saber de donde era, a saber que era normal no sentir arraigo del modo que los demás lo sienten. Durante 10 años, ese libro me ayudó a sentir que era normal no sentir arraigo, no lo necesitaba.

Sin embargo, ante las situaciones de cambio total en la vida, donde el suelo tiembla, me di cuenta de que era necesario tener un cierto arraigo para no estar perdido por completo. Yo estuve medio perdida y no quería imaginarme lo perdidos que estarían ellos. Nacieron en Turquía, y en 11 y 10años han vivido en Azerbayán, Francia y Marruecos. Nunca vivieron en España o Suiza, países de los padres. Su cultura es tan híbrida que se han inventado un modo de rezar que incluye gestos de varias religiones.

“Hablan los idiomas, pero no hablan las culturas”

Hablan los idiomas, pero no conocen dichos y bromas “clásicas”, no conocen todas las comidas, no conocen la connotación las sutilezas. Son camaleones que se integran en todas partes pero no pertenecen en ninguna. Se aproxima la adolescencia y creo que mi obligación es darles arraigo en algún lugar y que puedan tener una cultura de base.

 

¿Por qué escoger un lugar NUEVO?

Porque lo que se deja no es lo que hay.

Soy consciente que toda vuelta no es ideal. La vuelta al mismo entorno no es fácil. Normalmente se idealiza, se cree que se conoce la cultura, que se tiene gente y sin querer pensamos que nos reintegraremos en todo lo que dejamos.

El problema, es que no se sopesa la realidad. Los años que hemos estado ausentes nos han cambiado y han hecho que la gente cambie. Las personas que dejamos han encontrado un equilibrio donde no siempre nos podremos integrar fácilmente. Las experiencias en el extranjero nos cambian, nos dan una visión del mundo diferente, no es mejor ni peor, pero esa flexibilidad, esas frustraciones, esas realidades diferentes y obligadas hacen que nuestro modo de pensar cambie, que cambie nuestra manera de enfrentar la vida y los valores también.  Aparece un conflicto emocional: la soledad en tu casa.

Por otro lado, las personas que se quedan no ven o no quieren ver ese cambio. Es difícil aceptar que el hijo, que el amigo que se fue es diferente que necesita otras cosas. Un punto frecuente de problemas es la tradición de ir a comer a casa todos los domingos.  La familia, lo sigue haciendo mientras el expatriado no está, entonces piensan que a la vuelta la familia expatriada se integrará en esas rutinas familiares de domingos juntos. Sin embargo, la familia expatriada ha cambiado. Al llegar a un nuevo país no se tienen tradiciones de fin de semana eso obliga a hacer rutinas de fin de semana nuevas. En una primera fase cuando no se conoce nada se viaja, se explora el nuevo destino, poco a poco se van estableciendo las amistades y así surgen esas tradiciones de fin de semana, pero son más variables, no ha de ser la paella, puede ser una salida o un fin de semana por ahí.

 

Porque soy consciente que necesito descubrir algo nuevo para llegar plena de ilusión. Después de tantos cambios, necesito tener el estímulo de conocer algo nuevo, una región diferente a las que ya conocía y que me parece una mezcla equilibrada entre la cultura alegre, fresca y solidaria latina que adoro gracias a las amistades en el extranjero y aún tener todo de la cultura de la España que yo conocí.

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A pocas semanas de la vuelta, estoy ilusionada con el cambio, ilusionada con la nueva etapa que se abre ante nosotros. Es nuevo, es paradójico, porque es  la primera vez que el cambio significa  estabilidad.

 

#expatñola, mirada de una nómada
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La vuelta a casa. Dejo de ser expatriado.

Los expatriados somos palmeras. Nuestro lugar de origen es el oasis.

Nos trasplantan de un lugar a otro sin cesar, cambiamos de tierra y de clima, nos colocan en tiestos diferentes, al lado de una gran diversidad de plantas. Muchos salimos de nuestro oasis cuando éramos semillas o esquejes plantados en una taza de café y crecimos de tiesto en tiesto.

A veces, el tiesto donde estamos no nos puede dar cabida; otras veces, estamos cansados de magulladuras y pérdidas, del desgaste de adaptarse a los nuevos tiestos y condiciones  y decidimos volver a casa, a la seguridad del oasis de donde viene nuestra semilla.

Todos tenemos ese oasis. Y a pesar del tiempo y la distancia, nuestro oasis es el refugio dónde nos sentimos a salvo. Volver al oasis nos ilusiona y tranquiliza.

¡Ten cuidado con los espejismos!

Un espejismo es una ilusión óptica. En un espejismo, los objetos que están a nuestro alrededor se reflejan en una superficie lisa y nos apetece el reflejo de nuestro subconsciente. Lejos de casa nos aparecen nuestras recuerdos y carencias, la llanura de la infancia, el mar del cariño, la carretera a los seres queridos… todo perfecto.

Con el paso del tiempo y la distancia de la expatriación, idealizamos los tiestos y oasis pasados. Nos imaginamos la vida en el oasis como la vida ideal.

Al igual que pasa con la refracción, nuestro espejismo será más acusado o menos dependiendo del entorno en el que estemos, los objetos que nos rodeen, nuestro punto de visión y la temperatura de las emociones y la distancia que hayamos tomado con respecto a la realidad del oasis durante nuestra expatriación.

Sin embargo,  esa “lucha” entre todos los factores con distintos índices de intensidad y realidad desembocará en una ilusión más o menos acusada en cuanto a la perfección del oasis.

Volveremos al lugar pero ya nada será igual. 

Ya no somos la semilla que salió del oasis y plantaron en una taza de café. Ahora somos palmeras grandes, damos sombra, tenemos frutos y nos hemos magullado. Cambiamos, crecimos en los tiestos y aunque volvamos al oasis; ya no cabremos en la misma taza de café.

El oasis continúa sin muchos cambios, la misma tierra, el mismo sol, las mismas palmeras grandes… Sin embargo, las otras semillas también serán palmeras que dan sombra y tendremos que aprender a relacionarnos con ellas de nuevo aunque el oasis permanezca invariable las palmeras del oasis recuerdas no y tu tampoco. La gente con la que has compartido tantas cosas cambiará, todos habremos cambiado y necesitaremos encontrar elementos que se ajusten a nuestra realidad actual.

Volver  al oasis, volver al refugio, a nuestro lugar de origen después de la expatriación, parece fácil, pero…. para volver al oasis siendo palmera y teniendo frutos, hay que estar preparados. 

Ahora lo tienes fácil, SOS-expat by expatñola ha creado #movimentoexpat el “oasis online,” para familias expatriadas.  Únete para encontrar el apoyo de una gran comunidad de expatriadas en Facebook, podrás unirte a los encuentros online para encontrar soluciones reales y prácticas.

Cafés online- para que las expatriadas por el mundo puedan charlar sobre temas concretos y compartir sus experiencias para ayudarse.

Café-taller- para poder aprender y resolver dudas de la mano de expertos en diversos temas: psicología para expatriados, emprendimiento en el extranjero, comunicación intercultural, organización del tiempo, vida práctica y logística, salud…

¡Nos vemos en #movimentoexpat  o síguenos en Facebook !

 

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