La vida es cambio.

La vida es cambio.

Los cambios traen siempre incertidumbre, miedos, emociones, estrés y mucho trabajo. es aventura, es ilusión.

Cambiar de casa, cambiar de entorno es también ilusionante, volver a colocar tus cosas, poner cosas nuevas y construir tu hogar a medida de las necesidades de tu familia y de tu yo actual.

Con cada traslado aprovecha a limpiar tu casa de objetos y ropa, rotos y que no usas, que son inútiles o que no te gustan. Esa revisión es oportunidad para replantearte qué objetos materiales quieres mantener y te darás cuenta de esas pequeñas cosas que tienen un valor sentimental inigualable.
los traslados, los cambios por pequeños y cercanos que sean son una

Al igual que con los objetos, el cambio es también una oportunidad para comenzar de nuevo. La vida nos hace cambiar, lo queramos o no la vida nos modula y sobre todo cuando vivimos en el extranjero. Nunca más volveremos a ser el yo que dejamos en nuestro país.Por ello aprovechar un cambio de casa para deshechar lo que ya no sirve y a la vez renovar ilusiones y sueños. Ajustar nuestras emociones, replantearnos valores y enfocarnos en lo que viene no en lo que dejamos, nos llena de energía y positivismo para comenzar con fuerza la nueva etapa de la vida.

Yo estoy en transición. No se si alguna vez he dejado de estarlo.

Al contrario de lo que muchos piensan, estar en transición no es forzosamente malo, te deja un espacio de maniobra interesante para poder replantearte cosas. Sin embargo, esta flexibilidad y apertura de las personas y niños que viven trasladándose cada poco tiempo puede jugar también malas pasadas.

1- Nos hacemos flexibles, tan flexibles que si la vida nos lleva a escoger un lugar, no sabemos cual, porque podemos vivir en cualquier parte del mundo sabemos que estaremos bien y seremos felices.

Tener una “casa” nos ayuda a mantener la estabilidad. Una casa, no ha de ser física, puede ser un lugar cualquiera dónde siempre se vuelve, dónde se acumulan recuerdos y experiencias. Un lugar que sea nuestro hogar, dónde sepamos cómo funcionan las cosas, dónde tengamos un peluquero, unas tradiciones, dónde sepamos qué comida nos gusta, la música, el acento y los olores nos recuerden momentos.

2- Absorbemos culturas, absorbemos costumbres, tantas que al cabo de un tiempo tenemos una cultura tan híbrida que todo nos parece normal, y a la vez muchas cosas nos parecen raras.

Tener referencias culturales claras es esencial. Abrirse a conocer las ajenas, aprender e incluso adoptar costumbres o valores de otras culturas o lugares nos da riqueza, pero en ese afán de apertura y aprendizaje, no descuidemos lo nuestro, nuestra base, nuestros valores. Criar a niños en culturas donde las relaciones de hombres con mujeres son diversas, dónde las personas no tratan igual a todos, dónde no hay libertad cómo se entiende en nuestros países puede dar lugar a que acepten esas cosas como normales, ya que su mundo, su día a día es esa realidad aceptada por la mayoría. Sin embargo, paliar esto se puede hacer desde el diálogo, desde la explicación clara de que ciertas cosas de la cultura/ país de acogida nos son ajenas porque en “nuestra cultura y nuestra sociedad y nosotros” no queremos eso, no lo adoptamos conscientemente porque quizás se infringen principios básicos de derechos humanos, igualdad y libertad o simplemente que como familia hay valores que no compartimos ni queremos criarlos así.. Si saben por qué no hacemos todo igual que el resto o porqué celebramos o no ciertas cosas, es más fácil que no integren esos aspectos culturales que no queremos en su educación. que explicar con claridad que es nuestra opción, siempre desde el respeto, para evitar crearles conflicto con el entorno dónde viven y a ese respecto también es bueno para mostrar las cosas que nos gustan de esa cultura y que queremos adoptar como nuestras, ya sea un plato de comida, una manera de vestir o la música. Así los niños perciben que no rechazamos la cultura circundante completamente y pueden mantener los valores esenciales que queremos darles para sus vidas.

3- Vemos el cambio en positivo como oportunidad y con ilusión. Sin embargo, esa visión positiva ante el cambio nos hace tener impulsos de “huida” ante situaciones complejas.

Hay una gran tasa de adultos que fueron niños que se trasladaban constantemente que no logran mantener una estabilidad en su vida. En general los niños criados en transición suelen optar por dos extremos: no moverse de un lugar en cuanto se independizan o continuar con la vida nómada.
Hemos de ayudares a tener cierta estabilidad y arraigo. No es siempre fácil pero si es muy importante. El arraigo no lo dan los lugares, lo dan las personas. Es importante que vean que mantenerse “fieles” a algo es bueno, mantener las relaciones con los familiares y amigos que hemos conocido en el camino es esencial porque les da estabilidad. Han de saber que en momentos complejos en vez de buscar comenzar de nuevo pueden simplemente abrirse y confiar lo que les sucede a personas cercanas e importantes para ellos aunque estén alejadas físicamente. Esos lazos estrechos y fuertes les ayudarán a poder encontrar un punto de anclaje en los momentos dónde huir puede ser la solución.
Otras maneras de fomentar la continuidad y la persistencia, son intentando mantener un mismo hobby o deporte, para ello antes de inscribirles piensa en algún deporte “universal” que sea fácil de encontrar en todos los países y que no requiera grandes cantidades de material ya que los niños crecen y no en todos los países podemos encontrar todo tipo de materiales.

Tener “tradiciones familiares portátiles” es una forma fabulosa de mantener lazos entre los miembros de la familia en tránsito. Estos lazos serán su mayor apoyo a lo largo de la vida. Tengamos en cuenta que los niños que se trasladan tanto no tienen el contacto constante con los familiares directos y por ello necesitan más apoyo de la familia nómada. Las tradiciones del núcleo familiar pueden ser cosas muy simples, hacer siempre las tartas de cumpleaños, celebrar una fecha concreta, hacer una noche a la semana de pizza y película… todo esto hará que ese núcleo se fortalezca y por lo tanto no variará a lo largo de los años estemos donde estemos e incluso ellos mismos podrán seguir con esas tradiciones familiares que les harán sentir en casa cuando vivan solos.

4- Nos hacemos insensibles. La soledad, la dureza de los cambios, la dureza de las realidades que nos rodean, las carencias, los contrastes, la impotencia y la distancia de nuestros seres queridos, hacen que los expatriados nos construyamos una especie de “capa” protectora. Sobre todo los que se mudan constantemente de país en país.

Hemos de hacerles ser conscientes de la capa necesaria que tenemos y sobre todo saber que en momentos en la vida han de quitársela.

Al vivir fuera de nuestro entorno, sin nuestra familia y amigos de siempre, encontrar esos puntos de apoyo afectivos es más complicado. La distancia, los cambios horarios, la diferencia de nuestra realidad… todos esos factores influyen en que no podamos abrirnos fácilmente a los demás. Por eso nos creamos una capa protectora que si no somos capaces de quitárnosla de vez en cuando nos hará vivir en la superficie, evitaremos los sentimientos profundos porque hay cosas que duelen. Evitar esos sentimientos, frustraciones y guardarlos para uno hacen que las personas se vuelvan frías. En la expatriación muchas personas se quejan de que las personas que conocen son superficiales, están ahí para lo bueno, para divertirse y luego desaparecen en los momentos duros.

Cuando el mundo se nos cae, cuando suceden cosas extremas en la vida, una pérdida, una ruptura, una enfermedad… toda experiencia traumática de la vida nos hace temblar mentalmente, nos desestabiliza y para retomar sanamente el control hemos de poner necesitamos asirnos a algo, necesitamos sentir que tenemos referencias necesitamos contar con alguien que nos escuche y nos sintamos arropados.

Personalmente, creo que si uno da, uno encuentra siempre gente auténtica que también te de amistad verdadera. Esto requiere esfuerzo, es un riesgo también. Abrirse ante personas que no conocemos mucho es complicado, requiere una buena dosis de seguridad y autenticidad. Teniendo un yo fuerte y consciente podremos mostrarnos a los demás como somos más fácilmente, entender y explicar qué nos pasa. Un yo completo es fuerte y consciente, no sólo el yo que nos viene condicionado por la cultura del país, familia y entorno en el que crecimos sino el yo completo después de los cambios y la vida.

Como responsables de la educación de nuestros hijos que viven en transición, los padres, debemos abrirnos y mirar alrededor. Hablemos con otras familias, escuchemos sus experiencias y aprendamos de ellas. Con esto no quiero decir que pensemos que nos pasará lo mismo, pero si que nos abramos a pensar que si a una mayoría le pasa… quizás a mi también.

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