La vuelta a casa. Dejo de ser expatriado.

Los expatriados somos palmeras. Nuestro lugar de origen es el oasis.

Nos trasplantan de un lugar a otro sin cesar, cambiamos de tierra y de clima, nos colocan en tiestos diferentes, al lado de una gran diversidad de plantas. Muchos salimos de nuestro oasis cuando éramos semillas o esquejes plantados en una taza de café y crecimos de tiesto en tiesto.

A veces, el tiesto donde estamos no nos puede dar cabida; otras veces, estamos cansados de magulladuras y pérdidas, del desgaste de adaptarse a los nuevos tiestos y condiciones  y decidimos volver a casa, a la seguridad del oasis de donde viene nuestra semilla.

Todos tenemos ese oasis. Y a pesar del tiempo y la distancia, nuestro oasis es el refugio dónde nos sentimos a salvo. Volver al oasis nos ilusiona y tranquiliza.

¡Ten cuidado con los espejismos!

Un espejismo es una ilusión óptica. En un espejismo, los objetos que están a nuestro alrededor se reflejan en una superficie lisa y nos apetece el reflejo de nuestro subconsciente. Lejos de casa nos aparecen nuestras recuerdos y carencias, la llanura de la infancia, el mar del cariño, la carretera a los seres queridos… todo perfecto.

Con el paso del tiempo y la distancia de la expatriación, idealizamos los tiestos y oasis pasados. Nos imaginamos la vida en el oasis como la vida ideal.

Al igual que pasa con la refracción, nuestro espejismo será más acusado o menos dependiendo del entorno en el que estemos, los objetos que nos rodeen, nuestro punto de visión y la temperatura de las emociones y la distancia que hayamos tomado con respecto a la realidad del oasis durante nuestra expatriación.

Sin embargo,  esa “lucha” entre todos los factores con distintos índices de intensidad y realidad desembocará en una ilusión más o menos acusada en cuanto a la perfección del oasis.

Volveremos al lugar pero ya nada será igual. 

Ya no somos la semilla que salió del oasis y plantaron en una taza de café. Ahora somos palmeras grandes, damos sombra, tenemos frutos y nos hemos magullado. Cambiamos, crecimos en los tiestos y aunque volvamos al oasis; ya no cabremos en la misma taza de café.

El oasis continúa sin muchos cambios, la misma tierra, el mismo sol, las mismas palmeras grandes… Sin embargo, las otras semillas también serán palmeras que dan sombra y tendremos que aprender a relacionarnos con ellas de nuevo aunque el oasis permanezca invariable las palmeras del oasis recuerdas no y tu tampoco. La gente con la que has compartido tantas cosas cambiará, todos habremos cambiado y necesitaremos encontrar elementos que se ajusten a nuestra realidad actual.

Volver  al oasis, volver al refugio, a nuestro lugar de origen después de la expatriación, parece fácil, pero…. para volver al oasis siendo palmera y teniendo frutos, hay que estar preparados. 

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