¿Nos trasladamos? La gran decisión

Ir a vivir al extranjero es una experiencia atractiva. Los clichés se imponen y tendemos a idealizar la vida fuera de nuestro país.  Lo cierto es que vivir en otras culturas es enriquecedor, al menos así lo piensa la mayoría de los expatriados entrevistados, sin embargo, que sea una experiencia positiva no significa que sea todo fácil. 

Cuando tenemos una oferta ante nosotros es conveniente sopesar la decisión e informarse bien de los detalles. Existen muchos casos en los que familias enteras salen del país atraídos por el estímulo económico y estilo de vida y no calibran el alcance de la decisión en el plano racional.

Hay que pensar en muchos parámetros para que tu decisión se asiente en bases sólidas a partir de las que  reflexionar tu decisión de un modo racional y así aumentar las probabilidades de que tu vida en el extranjero sea positiva.

Aspectos a tener en cuenta para decidir.

Tomar una decisión de gran calibre nunca es fácil. Como en todo,siempre hay aspectos positivos y negativos. A la hora de decidir trasladarnos y cambiar radicalmente nuestra vida hemos de valorar aspectos de diversa índole, tanto los aspectos más racionales como la oferta profesional y económica como los aspectos más subjetivos y personales generalmente de índole más psicológica.  También la capacidad para decidir volver a nuestro país sin que acarree demasiadas consecuencias negativas en nuestro trabajo, en nosotros y en nuestra familia.

¿Quiero o debo ir?

Generalmente, esta sencilla pregunta suele obviarse, sin embargo la motivación de nuestra decisión será clave a la hora de resistir a los inconvenientes que surgen en todo cambio.  Irse a vivir al extranjero puede surgir de modo voluntario o por imperativo o necesidad. Esta pequeña sutileza marca en gran medida muchos aspectos posteriores de la experiencia.

Hay que ser consciente de que hay diferentes tipos de emigración por lo tanto diferentes problemas y estrategias para afrontarlo.

SALIDA VOLUNTARIA

Si la salida del país es voluntaria como en el caso de los Diplomáticos, periodistas, profesores de escuelas internacionales, altos cargos de organismos internacionales, ONG y  otros profesionales cuyos trabajos implican la vida en el extranjero,  la motivación es positiva y las condiciones suelen ser ventajosas, van arropados con una institución que les facilita los trámites burocráticos, poseen una buena posición económica,  poseen un trabajo “fijo”,  gracias a las necesidades del trabajo desde que llegan tienen un grupo social donde conocer gente “como ellos” y a la hora de afrontar los inconvenientes del país donde se encuentran saben que tienen una fecha límite.

SALIDA INVOLUNTARIA

Cuando la salida del país es “forzosa” la motivación  en muchos casos brilla por su ausencia.

Las personas salen a vivir al extranjero obligados ya sea por la situación de su país, crisis, inseguridad, pobreza o por que si no se van a cubrir un puesto corren el riesgo de perder el trabajo. En estos casos la motivación es la necesidad, no es una elección, por lo que en el aspecto psicológico la presión es mayor.

Las familias, las personas acompañantes, los hijos más grandes o dependientes y la motivación de cada uno a la hora de dejar todo es necesario tenerla en cuenta. Sus vidas cambiarán.

La parte psicológica del proceso de cambio es inevitable y se acusa más dependiendo de si la motivación y las condiciones de vida son más o menso favorables y dependiendo si se trata de un traslado voluntario o involuntario.  En la mayoría de los casos, las familias, las personas suelen omitir una realidad esencial: todos los cambios conllevan estrés. En los traslados, hay siempre unos retos psicológicos compartidos. La soledad, la frustración, la dureza de vivir en otras realidades, la impotencia antes injusticias, el miedo a lo desconocido son normales y comunes a todos. Todos los que se cambian de casa han experimentado lo agitado que puede ser un traslado incluso dentro de una misma ciudad. Si la realidad dónde vamos a integrarnos es mucho más distante  los retos aumentan. En la expatriación forzosa pueden intensificarse los sentimientos de frustración, rabia, idealización de la cultura de origen, aislamiento en guetos …

La motivación para cambiar de país teniendo en cuenta a todos los miembros de la familia,  no se toma siempre en cuenta o no se valora el impacto real que puede tener aunque la realidad es que la motivación es clave para poder disfrutar de una vida en el extranjero lo más rica y feliz para el conjunto familiar.

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